martes, 10 de diciembre de 2013

PRESENTACIÓN (EMOCIÓN)


Era setiembre u octubre de 1998. Vivía en Ginebra. Por toda la ciudad había publicidad de la película Salvar al soldado Ryan. La maquinaria hollywoodense puesta en marcha siempre es impresionante. Hasta en los baños públicos veías el afiche. Todos esos nombres de stars, productores y estudio asociados a un director muy conocido. Siempre me pregunté (me pregunto): “¿Hasta qué punto estos gringos nos toman por tontos?”. Fui a verla. Fui un tonto más. Muchos cineastas creen que lograr lágrimas de la gente es darle una emoción. Nada más falso.

Meses después, a finales de febrero de 1999, otra vez la maquinaria hollywoodense estaba en “pie de guerra”. Otra vez la invasión: stars, productores, un gran estudio hollywoodense…pero el director me era desconocido. La delgada línea roja, de un tal Terrence Malick, anunciaba su estreno… “¿Hasta qué punto estos gringos nos toman por tontos?”. Fui a verla para convencerme. Salí de la función tonto. Tonto porque no sabía si llorar o reír. Tonto porque por primera vez salía de la sala de cine sin saber que pensar sobre lo que había visto. Sin poder pensar. Intentaba recordar escenas y mi cuerpo respondía, mi estómago, mis piernas, electricidad. Fueron emociones tras emociones durante casi tres horas. Y era lo único que recordaba y sentía mientras caminaba de regreso a casa mirando sólo el suelo ginebrino. Emociones. No dormí. Me pregunté toda la noche que carajos estaba haciendo en la vida y con mi vida.  Quería más. Fui a verla noche tras noche. Doce veces más. Durante una de esas noches, la de mi cumpleaños, falleció Stanley Kubrick. Lloré. La película salió de cartelera y me sentí muerto y huérfano, sin Kubrick, sin más Malick.



Averigüé sobre este director desconocido para mí y encontré sólo dos películas más: Badlands y Days of Heaven. Dos obras maestras en veintiséis años! Dos obras que me impactaron tanto por su belleza visual como por la transmisión de emociones. Me enamoré del cine de Terrence Malick. Y la conjunción de tanta emoción me hizo tomar una decisión muy importante en mi vida: dejar todo lo que tenía, mi confort, mi trabajo, mis amigos, mi familia, todo, y estudiar cine. Hacer cine. Fabricar emociones. Comenzando el siglo lo intenté en Ginebra, en la Université de Génève, pero no me aceptaron. Más emociones. Conocí a una chica que luego se hizo mi novia. En el 2001(!) ella se preparaba para un MBA en París. “Ven conmigo”, me dijo, “estudia cine en París”…“Si los suizos que tienen a Godard no me han aceptado, menos los franceses” le respondí. “Por eso mismo, inténtalo con quienes lo inventaron”. Lo intenté. Lo logré (ella también). Ingresé a la escuela particular de cine más importante de Francia. La E.S.E.C. Y me fui a Paris, y me preparé con los grandes…y regresé a mi país. Gracias Europa por todo. Te dejo con tu guerra. Me voy a la mía.

Encontré muy poco, pero muy poco material de y sobre Terrence Malick en París. Malick es más celoso de su privacidad que el propio Kubrick, realmente, no hay muchas entrevistas ni de él ni de sus colaboradores.

Sabe hasta donde llega esa delgada línea…felizmente está filmando películas, una tras otra.

Leerán aquí algunas entrevistas a Terrence Malick, a sus colaboradores, actores, transcripciones, artículos destacados sobre sus películas y su verbo fílmico.

Este blog está destinado a una muy corta vida, pero me debo el hacerlo. Se lo debo. Mucho.


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